30 marzo 2008

Corren por sus vidas

Dos atletas murieron por la guerra entre etnias en Kenya; a algunos se los acusa de financiar grupos armados; son perseguidos y no pueden salir a la calle para entrenarse



ELDORET, Kenya (AFP).- El Valle de Rift es una inmensa grieta de 4830 kilómetros, una fractura geológica en el sector este del continente africano. Atraviesa varios países y la mayor elevación se produce en Kenya y Etiopía (2300 metros). Los mejores fondistas del mundo nacieron allí. Es más, algunos de los más destacados representantes de la marcha y la maratón eligen ese lugar para entrenarse, porque las condiciones geográficas y climáticas que allí se concentran son las mejores del planeta para esta especialidad.

Pero en Eldoret, Kenya, la región del Valle en la que viven los fondistas más importantes de ese país, la tierra donde se conseguía el estado ideal para el desarrollo deportivo, se convirtió en un paraje de horror por cuestiones políticas.

La gran mayoría de estos atletas kenianos de clase mundial es del mismo grupo étnico, los kalenjin, que apoyaron mayoritariamente a Raila Odinga, el candidato derrotado en las elecciones presidenciales del 27 de diciembre por el mandatario saliente, Mwai Kibaki, que pertenece a la etnia kikuyu, la más numerosa del país.

Tras esas elecciones, el Valle del Rift fue escenario de feroces enfrentamientos entre las dos etnias, y cerca de los centros de entrenamiento de Eldoret, un incendio a iglesia causó al menos 30 muertos el pasado 1° de enero.

Si bien la democracia de Kenia era hasta ahora una de las más tranquilas del continente, la guerra civil se destapó cuando una banda armada de 35 kikiyus fue cercada y asesinada por la población kalenjin. Desde entonces, estalló la venganza de los defensores del presidente Kibaki, que salieron a la calle con pangas (machetes), provocando incendios, saqueos y numerosas muertes.

Aquel sangriento 1° de enero murió Lucas Sang, miembro del equipo de relevos 4x400 m en los Juegos Olímpicos de Seúl, en 1988. Su cuerpo mutilado fue encontrado al día siguiente en su campo de Eldoret, donde se había convertido en explotador agrícola, como otras tantas antiguas glorias del deporte en su país.

Un segundo atleta, el maratonista Wesley Ngetich, murió el 21 de enero en el distrito de Trans Mara, más al sur, al ser alcanzado por una flecha envenenada.

La violencia que sufre todo el país perturbó especialmente la preparación de los fondistas, para los que, en los últimos meses, fue imposible correr largas distancias en carreteras sembradas de puestos de control con hombres armados, y con bosques poco seguros.

Además, las reuniones de atletismo clasificatorias para los Juegos Olímpicos de Pekín tuvieron que ser trasladadas a Nairobi, y no en Kisumu, una ciudad al oeste del país, ya que su estadio se convirtió en un campamento de desplazados.

Los disturbios ensuciaron parte de la imagen de estos campeones en actividad o ya retirados, cuyo status social y potencial financiero los ubica como líderes de sus comunidades. De esta manera, en un informe sobre la crisis financiera del 21 de febrero, el grupo para la prevención de conflictos internacionales International Crisis Group (ICG) dejó entender que algunos atletas habían financiado a las milicias kalenjin para llevar a cabo ataques contra la comunidad kikuyu. El propio ICG explicó que "la mayor parte de las declaraciones" sobre la muerte de Lucas Sang dieron a entender que lo mataron cuando dirigía un ataque kalenjin.

En un ataque similar, Luke Kibet, actual campeón mundial de maratón, pudo escapar corriendo cuando lo apedreaban, aunque sufrió un traumatismo de cráneo.

Por su parte, Moses Tanui, ex campeón del mundo de 10.000 metros, amigo y asociado en negocios con Lucas Sang, aseguró que los atletas no tomaron parte en los actos violentos. "Nosotros somos fervientes defensores de la paz. En enero, dimos cobijo y protegimos a atletas de otras comunidades que estaban en Eldoret hasta que la policía los pudo escoltar (para salir de la región)", aseguró Tanui, que posee un hotel en Eldoret. Y agregó: "Incluso, en Kapsabet (un pueblo no lejos de Eldoret), un atleta kikuyu fue salvado por un kalenjin. Si tuviésemos la verdadera intención de hacer algo, estos atletas hubiesen sido asesinados".

En los últimos meses, la mayoría de los atletas, amedrentados por la situación, eligió esconderse antes de entrenarse. "Si esto no se frena, muchos de ellos no van a poder preparase para los Juegos. Yo mismo les dije a todos que se quedaran en sus casas", dijo Federico Rosa, un italiano que es manager de varios atletas y posee uno de los campos de entrenamientos en Eldoret, en declaraciones al periódico El Mundo Deportivo .

La situación ya causó más de 1000 muertos y las consecuencias de la crisis continúan haciendo mella en el atletismo keniano.



Quedarse en casa o trabajar en el exilio


KAPTAGAT, Kenya (AFP).- Apenas dos medallas sumó Kenya en el Mundial indoor que se realizó en Valencia hace dos semanas. Un número muy bajo para lo que acostumbra conseguir este país. "Nuestra preparación se vio afectada. Me quedé en casa, junto con mi familia", dice Richard Limo, de 28 años y campeón mundial en los 5000 metros en Edmonton 2001.

"No había posibilidad de entrenarse. Y cuando sí se podía, la gente te preguntaba por qué te entrenabas mientras el resto del país estaba en guerra", se lamentó John Kibowen, campeón mundial de cross country en 1998 y 2000.

La preparación para Pekín 2008 también es un problema para los kenianos, que en los últimos días volvieron a entrenarse. Una buena puesta a punto para la maratón demanda meses, y la guerra los retrasó demasiado. Por eso Luke Kibet, campeón mundial de la maratón, dejó el Valle de Rift y se trasladó a Nairobi para seguir sus prácticas. Y Janeth Jepkosgei, campeona mundial de los 800m en Osaka 2007, eligió dejar el país. Ahora se entrena en Namibia.


Una triste y recurrente postal africana


Una mezcla de antagonismos políticos con trasfondos étnicos y una alta dosis de macabra violencia es lo que define a la crisis que se desató en Kenya tras los polémicos comicios del pasado 27 de diciembre.

El presidente Mwai Kibaki, de 76 años, fue proclamado ganador por la Comisión Electoral, con sólo 200.000 votos de ventaja sobre su rival, Ralia Odinga, que no aceptó los resultados.

Esto desembocó en una recurrente postal africana: machetazos, incendios, violencia y muerte. El saldo total: más de 1000 muertos y alrededor de 300.000 desplazados. El momento más siniestro: cuando al menos 50 personas, en su mayoría mujeres y niños, murieron quemadas cuando la iglesia en la que habían buscado refugio fue incendiada por una turba fuera de control.

Pero estos enfrentamientos van más allá de una polémica electoral puntual. Para entender por qué se llegó a esta situación en Kenya, hay que remontarse a los tiempos coloniales y sus consecuencias.

Al igual que tantos otros países africanos, la delimitación de las fronteras actuales de Kenya fue un arbitrario invento de los colonos europeos que dividió a grupos étnicos ancestrales y mezcló a clanes rivales, convirtiendo al nuevo país en un terreno fértil para la confrontación.

En Kenya, los 34 millones de habitantes pertenecen a 80 grupos étnicos diferentes. La mayoría son kikuyo, luhyam, luo, kalenjin o kamba. Antes de la llegada de los colonos, estos grupos étnicos vivían en reinados diferentes.

La etnia kikuyo fue la punta de lanza del movimiento que desembocó en la independencia de Kenya, en 1963. Su líder, Jomo Kenyatta, formó el primer gobierno tras la independencia y, a pesar de su discurso integrador, no logró evitar la creciente tensión de las diversas comunidades que vivían en este nuevo país africano. O sea que desde su creación, Kenya es el escenario de un conflicto étnico intermitente que tiene como actores principales a los kikuyos y a los kalenjin, las etnias más poderosas y más enemistadas.

Y es precisamente este conflicto, producto de las herencias coloniales, que volvió a aflorar tras los polémicos comicios de diciembre pasado.

El líder opositor Odinga cuenta con el firme respaldo de los kalenjin y de sus aliados los luo. Los kikuyos, seguidores del presidente Kibaki, son la mayoría étnica de Kenya (22% de la población) y la fuerza política dominante. Para las etnias rivales, las últimas elecciones presidenciales eran la oportunidad de poner fin a ese orden.

Pero un ajustado resultado final y múltiples denuncias de fraude desataron una ola de violencia que una serie de acuerdos lograron aplacar a fines de febrero, pero que, por sus raíces ancestrales, todavía está lejos de desaparecer. Como quedó demostrado ayer: hubo 25 muertos en nuevos enfrentamientos.
Fuente:Diario La Nación

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