20 diciembre 2007

Inti Mountain Challenge

Finalmente incursioné en una carrera de aventura. Sólo, como lobo estepario. Fue para escribir una crónica “desde adentro”, para Cuerpo & Mente en Deportes, como me habían encomendado.

Una inconsciencia porque no llegaba bien con el tendón de Aquiles izquierdo, que había sufrido y bastante más de lo recomendable, en el último Nacional de Veteranos.Durante el primer tercio de la carrera me faltó el aire. La encaré con mucho líquido y un gel previo. Con baños turcos y termales previos en el spa del Hotel Termas de Pismanta. Así que le metí pata, total me sentía bien. Sobre 1800 metros por encima del nivel del mar.Apareció el primer río, dato que no desconocía. Un río es refrescarse las "patas". Dos ríos no estaban en los papeles. Y un tercer río, caudaloso, frío, anchísimo, en que uno encima se cayó y se mojó hasta el hombro, demasiado. Un arroyo empetrolado y pudibundo es algo desagradable. Cardos que te pinchan y raspan permanentemente son feos.Marilina Costantini, quien corría en equipos la prueba multidisciplinaria, me alentó todo el tiempo porque en el llano yo me iba pero en los trazados trabados me pasaban todos los que yo había superado.Subir montañas para mí fue muy duro porque allí la altura se hace sentir. Nada que ver con Balbastro y Bonorino, la subida del Bajo Flores de todos los veranos, ni los médanos de las playas. Ni las escaleras del subte B. Ah, eso, más calor que en el subte B. Cerquita de 40 grados.Entre montañas se produjo la peor combinación. Un sanjuanino optimista de 19 años y este veterano testarudo y bautizado “Talibán” por el amigo Néstor (“Marathonista”). Calculábamos que, a la hora de carrera, nos faltaba otra más y liquidábamos el pleito. Nos cantaron que faltaban unos 7k. Pero después un poco que nos perdimos, otro poco que los que venían atrás “cortaron” por un llano. Y después otra montaña. Y después, otra bajada, al campamento de kayaks donde cambiaban de disciplina los de la carrera combinada. Tras ello, subir de nuevo a la ruta. A esa altura, el Tigre Migueles, el sanjuanino de 19 años y uno mismo, estábamos al borde de la deshidratación, exhaustos. Yo buscaba las taloneras en la mochila y otra pastilla de diclofenac (que había quedado en la mesa de luz del hotel). Nos esperaba el duro asfalto bajo el sol del mediodía. El consuelo, mirar el Dique Cuesta del Viento y aguantarse El Zonda, siempre de frente. Habíamos pasado Cerro Negro, Río Blanco, Farallones y Pampa del Viento. Nos cantaron que faltaban 9. ¿Pero cómo? Si antes nos habían cantado 7. Unos y otros caminábamos. Se terminaba el Gatorade de la mochila. Un gendarme nos desvió por el camino de tierra a Rodeo. Y un muchacho nos cantó que faltaban 3 y medio. Otro río, una calle y finalmente la calle larga del pueblo. Interminable. A la llegada la corrían hacia delante, al menos eso parecía. Para mí fue un vía crucis.La mochila era la cruz. Suerte que el paisaje no era el barrio de Once, en ese caso el abandono hubiese sido inexorable. No servía correr, al final, uno iba a casi 9 el kilómetro, con altura, viento en contra, 35 grados y unos 40 sobre el asfalto, barro en el calzado y una curiosidad, nada de dolor de cabeza pero con la amenaza de los calambres, que nunca llegaron. Al final la plaza de Rodeo. Enterarse que hubo un ganador en 2 horas 30 (ya pondré algunos resultados, un poco de paciencia que también necesito descanso) y el orgullo de haber llegado 22, a siete puestos y siete minutos del Tigre Luis Migueles (él 15 con 3h 30, yo con 3h 37). En la plaza del pueblo, todos “chillando” que habían sido 28 kilómetros que duelen como una maratón.


La ultima "locura" del Amigo Bidondo, que compartió con nosotros , Gracias Ale y pronta recuperación y Felices Fiestas !!!

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