30 diciembre 2007

LA CARRERA

Este es un Cuento escrito por Don Osvaldo Hueso, que nos regaló y ahora autorizó a subir al blog, corredor Veterano de la Zona Oeste representante Nacional y Sudamericano que conjuga el vicio de la carrera y la escritura en forma simultanea en los últimos tiempos.
También nos contó que obtuvo una mención por este cuento en San Juan de Puerto Rico en la categoría narrativa Deportes.
Gracias Osvaldo por compartir su cuento.

LA CARRERA
José se había propuesto correr esa carrera; correr 10.000 metros no es una distancia difícil, pero correrla en pista, fácil no es y él se había dispuesto esa meta.
El polideportivo municipal de Castelar donde se entrenaba, había dispuesto enviar tres atletas veteranos para intervenir en el Campeonato Sudamericano de Pista y Campo, que se disputaba en la ciudad de Mar del Plata.
Tenía que llegar bien preparado. Había intervenido en muchas competencias por los clubes de barrios, logrando siempre buenas ubicaciones, pero correr 10 kilómetros en pista significaba no solo un esfuerzo físico sino también mental. Habló con su entrenador, establecieron una rutina y comenzaron a realizarla.

José competía en la categoría veteranos de 60 a 64 años. El cronograma establece las mismas cada 5 años, interviniendo en una competencia corredores de diferente edad, y luego por categoría, se determinan los puestos logrados.
Comenzó su rutina con una cantidad aproximada de ocho kilómetros diarios y pasadas a ritmo, de mil, dos mil, y tres mil metros, de acuerdo a lo indicado por su entrenador. Luego a medida que se acercaba la fecha, realizaba pasadas mas cortas en busca también de rapidez, tratando de cubrir todas las instancias necesarias de resistencia y velocidad. Se cuidaba en las comidas, descansaba lo necesario, cuidaba sus rodillas, porque ese principio de artrosis siempre le molestaba.
También tenía que trabajar. No es fácil -se decía- para quien practica un deporte no masivo, poder dedicarse en forma exclusiva, ni siquiera las primeras figuras a nivel nacional lo logran, menos entonces para un veterano de 62 años.
José había hecho deportes durante toda su vida y gracias a eso, llegaba a su madurez, sano y fuerte, con satisfacción de lo vivido y ganas de seguir viviendo, porque una de las maravillosas cosas que le dio la actividad física, fue precisamente la alegría de vivir. Se sentía bien, no se deprimía con los contratiempos, siempre tenía la actitud serena y equilibrada del que recibe en sus neuronas la cantidad de oxigeno necesario para que funcionen bien, y resolvía sus problemas con optimismo, sin ver en las dificultades, escollos imposibles de resolver.
Y con esa voluntad de siempre, se preparaba día a día para correr por primera vez 10.000 metros en pista, ya había hecho hasta 5000 metros pero 10.000 era bravo y él lo sabía, tenía que recorrer 25 veces la pista de 400 metros.
Una semana antes completó su preparación y empleó la última semana en hacer mantenimiento, de cualquier manera lo que no había logrado en 3 meses, no lo iba a mejorar en una semana, así que lo más conveniente era descansar y trabajar liviano.
Había elegido las zapatillas, no necesariamente las mas caras, no se corre mejor por el valor de las mismas, hay que elegirlas livianas y fuertes y ya es suficiente, lo demás lo tenía que poner él, esto lo sabía perfectamente.
Los nervios siempre un poco molestan, como esa necesidad de orinar varias veces antes de la carrera, parece que siempre a último momento aparecen las ganas de hacerlo.
José unía a su buena preparación, la sensación que se encontraba con buena disposición, se sentía fuerte y con ganas de correr.
Tres días antes llegaron a Mar del Plata y ya bien preparado, solo le quedaba mantenerse sin esforzarse para llegar descansado al día de su prueba.
Se levantaba temprano y trotaba hasta el puerto, donde se entretenía mientras elongaba, mirando las barcazas que regresaban con su pesca. Luego regresaba por la playa disfrutando del aire marino con ese olor agreste, distinto al aire viciado por los autos y los transportes donde el vivía; todo el recorrido que efectuaba parecía salido de postales, que se iban sucediendo unas tras otras sin interrupción. Los enormes Chalet con sus parques que casi llegaban hasta el borde de la playa, los imponentes edificios de departamentos.
Mar del Plata -se decía- es hermosa para vacaciones y también para vivir, cuando me jubile si la convenzo a Lucía me vengo para aquí.
La noche anterior a la carrera, cenó un buen plato de fideos con una salsa liviana de tomate y perejil, se acostó temprano, pensando como iba a desarrollar su táctica para lograr el mejor resultado y se durmió enseguida.
Al día siguiente llegó a la pista, el estadio era imponente, las gradas llenas con banderas de los distintos países que intervenían, los cantos de las barras que acompañaban a los corredores, lanzadores, saltadores, etc. llenaban de color y alegría un evento donde no entraba el encono si no se ganaba, lo que importaba era competir, siempre se quiere ganar, pero se reconocía el triunfo del competidor, reinaba gran camarería, y el mate corría de boca en boca.
Entró en calor y cuando quiso acordar estaba en la línea de largada.
¡Y largaron!...Como intervenían juntas varias categorías los mas jóvenes se adelantaron, José fijó su ritmo y comenzó su carrera.
Al pasar por primera vez por el control de vueltas, escuchó faltan 24, no le resultó muy halagador, le recordó que había comenzado una especie de sufrimiento pero con alegría.
Llevaba mentalmente el control de su promedio por vuelta y al llegar a los 1.000 metros, consideró que iba bien, apenas 5 segundos arriba de lo calculado, siguió manteniendo el ritmo y por los 3.000 metros, estaba 10 segundos por arriba del tiempo ideal.
Pasó los 5.000 metros entero, no sentía cansancio, hasta los 7.000 metros mantenía bien el ritmo, al acercarse a los 8.000 ya comenzó a sentir el esfuerzo. Sabía que no era fácil una carrera de fondo, en pista; en la calle siempre parece que la distancia es menor, pero tenía que seguir manteniendo el ritmo. Y al pasar por el control escuchó: faltan 6 vueltas.
Siguió, sobreponiéndose a la fatiga que ya llegaba. Faltaban 4 vueltas y ya peleaba por mantener su ritmo, las piernas un poco le pesaban, la respiración se hacía dificultosa, había que seguir, la meta estaba cerca. Faltaban 3 vueltas. Ahora ya entraba en los últimos 1.000 metros. Apenas ahora 2 vueltas y sacando fuerzas del corazón porque ya las piernas y el oxigeno le respondían menos, escuchó la campana de la última vuelta. Apretó el paso y dando todo lo que le quedaba, vio la línea de llegada al doblar la última curva de la pista y encaró los últimos 100 metros. Sentía el aliento de sus amigos, el aplauso de la gente que premiaba el esfuerzo de todos, los que ya llegaban y los que venían atrás. Y en un último esfuerzo cruzó la línea de llegada. Es difícil explicar lo que José sintió en ese momento, es una sensación que hay que vivirla para percibirla.
Aflojó el paso, tenía un gran cansancio porque había aprovechado al máximo sus posibilidades y una gran alegría interior, soplaba para afuera y sonreía para adentro.
No importa si José ganó la carrera, eso es anecdótico. Lo importante para él, era competir, conseguir lo propuesto y sentir la satisfacción de saber que el esfuerzo terminó y prepararse para el próximo.

OSVALDO HUESO

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